Friday, March 30, 2007

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Friday, December 29, 2006

. Guitarra negra.
 Luis Alberto Spinetta     

ADVERTENCIA

 Como nadie tiene conciencia del “control” de los manuscritos, y aun de existir dicha conciencia, ésta no intervendria en mi obra, sino como referencia simbólica a la licitud de la temática, propongo que se olvide cada palabra a medida que ella se lea. L.A.S.   

Parte Primera

  

I

 

Yo nacía como un pato salvaje

pero era sólo consumación de brotes.

Era eterno mi corazón

eterna mi dicha

postrero el cuerpo para criaturarme.

 

Yo bebía de mi propia carne

como un secuestro de las razones no dadas.

Luego bebía de las viejas comarcas

ansiando que un suelo me proyectase desde la luz

como a un molino sensible

y el cielo me iluminaba

y yo ignoraba a los profetas.

 

Después me acomodaba en los látigos de la arena

detestando la sed infinita

obligándome dulcemente a echar del olvido al desierto

haciéndome fotos como ángel

como trueno

como especie inaudible de ritual corpóreo.

 

Y el silbido de mi viento interno,

eterno viento dentro de las uvas de las almas,

se consagró en los subsuelos del templo pagano

para perdurar en el antagonismo.

Ya que mis ramas carecen de rezos

con los que al flotar se lea el horizonte.

 

 

 

II

 

Estoy en una playa

en la que los vientos hablan a mis oídos

en la que la arena se humedece como una mejilla

y las botellas le han sido incrustadas.

 

Estoy tan amigablemente solo

mirando la orilla que va cambiando,

que escucho varias voces internas

y no sé cuál es la que me habla.

 

Es un momento para pensar en Dios

(comprender que somos parte de una

totalidad que nos contiene).

 

Es la hora en la que toda luz se desespera por brillar

y toda mi sombra se estremece al sentirse sabida,

 

 

 

VOZ DE DIOS

 

Oigo su gemido de papiro

de suceso que dice

de inabarcable reposo,

de pensamiento.

 

Y le oigo desde aquí,

desde donde sólo soy su desierto.

Oigole desde el desierto de su alma,

desde la soledad del silencio

y desde las voces de la mía.

 

Es una flor transparente

murmurada por sus pétalos

y vociferada por su tallo.

Sencilla es su mirada que retorna.

Todos sus colores son la luz que se ahuyenta

y su forma que se corroe.

 

Mas óigole decir innumerables veces:

“Yo soy de otro reino

venid a mí

venid a mí”.

 

 

 

III

 

La orquídea ha muerto

con su mano desierta e inquieta

que la ha estrangulado.

 

Un músico dormido

inclina su fatigada cabeza

pereciendo entre la neblina del teatro.

 

¡Este cuadro me asombra más que mi espejo

cuando oigo el roer de los monstruos que viran a mi cráneo!

 

 

 

IV

 

Los Puentes de mi conciencia

están desplegados de sus extremos

y flotan en el aire tibio

como cosas dispersas.

 

Unas tremendas manos vacías

sobresaltan mi soledad

haciéndola aún más inexistente

pronunciando a tientas

las sucesivas muertes de mi alma,

mi alma de jarrón.

 

Hoy veo sólo la espuma

sobre la que retozan

los enternecidos desechos de mi esqueleto.

 

 

 

V

 

Pido disculpas

a los días de Pascua

por haberme roto la boca

con el humo de la adormidera.

 

Pido disculpas

a la gloriosa peluca

por haberla pisado

con mi aplanadora de estiércol.

 

Pido disculpas

a la muerte

por haberme reído

mientras transcurría.

 

Pido disculpas

al enano

por haberle vomitado un calibre.

 

Pido disculpas

al blanco asiento

por haberle escrito

mi nombre con sangre.

 

Pido disculpas al ratero

por haberle robado

la joya robada

y haberla arrojado a su cráneo.

 

Pido disculpas

por haberme borrado

de la foto a pinchar,

 

Pero no pido disculpas

por la alegría que tuve

sin saber por qué.

 

 

 

VI

 

Ignoro quién era ayer yo mismo.

Quién se atrevió a venir en mí.

Pero sé quién soy ahora.

Y soy un corazón

una boca

y un espíritu.

 

 

 

VII

 

Voy a escribir un cántico

en el que la luz se funda

en el que el desierto llore

y los cielos se ondulen.

 

Voy a pronunciar la palabra.

Escribiré la carta para mis amigos

el grito para mis sombras

la primera raída y la última.

 

Encontraré tu corazón del otro lado

en el punto donde todo se junte

pues recogeré tu poema

y descansaré tu cuerpo.

 

Voy a buscar a la muerte para nacerla.

Alejaré de mi propia vaguedad el vórtice.

Voy a cantar a la luna rosa

Haré un verso

Prometerá mi calma.

 

 

 

VIII

 

Disculpadme

trastos y martillos

por apretaros

y conmocionaros.

 

Esperadme sílabas

que de tanto pronunciar

os borro.

 

Ved en mi al sin igual terco

resucitando su diferencia demonio.

Y al patinador,

cómico deudo,

esqueleto incierto

de un cuerpo sin brillo.

 

 

 

Parte Segunda

 

 

 

LA MUJER

 

Una mujer

desde otra tarde,

salpicada por un profundo espejo.

 

Tirada en el abismo

con sus menstruos carmín

depositados en el limo natural

con la precisión de besos.

 

Una damisela realmente celeste.

Vestidos de espuma dilatados,

corsés rosa,

adornos y teñidos.

 

Una mujer con collares

con ojos manuscritos

con pezones labiales y suaves

con sombreros de pétalos tan claros.

 

Una mujer dada a su propio mundo,

mundo que la deglute

y que te da los rayos.

Le da canastos con frutas e hijos,

miembros que la deshacen

y la vuelven a hacer nacer.

Barriletes en azoteas,

ligustros blancos.

 

Una mujer transportada es un misterio.

Donde rozan sus pies dialogan flores

y aparecen sangres.

 

 

 

EL MUSICO

 

Acongojado llora

con sus débiles dedos

la furia y el odio

y el lodo

que fue su origen.

 

Las cuerdas de su instrumento

como míseros revólveres

o quizá tendones de un dios ebrio,

cantan.

Y es sólo penumbras

el despertar de su hora tardía.

Y es sólo tiniebla

el entornar pequeño de sus ojos.

 

El músico está allí

donde el dolor no puede confundirse

con los ecos del demonio.

 

El músico es por fin

la tenebrosa ansiedad

de no volverse loco por el tiempo.

La vida que no recuerda nada,

el antiguo reloj en el que cayeron las lluvias.

 

Su soplido, fresco rechinar del abismo, cae

Y su cuerpo de quimera y cárceles

va ensordeciéndose del cielo,

y quejándose de la soledad

que pudo por lo menos haber sido incomprensible

 

Y así se materializan

los pensamientos del músico

como cruces que se encuentran

acostadas en el vientre.

 

Y locas las guirnaldas del verano

entreabren su pudor

y se escucha el sonido.

 

 

 

LOS LOCOS

 

Los locos corren

por el pasto sin gritos

por la pradera venenosa

y por la piel, entre la luna.

 

Y los locos giran

sin temor al mareo.

De la casa al árbol,

de la ayuda al horror.

 

Cuando uno de los locos hable,

los cuerdos, retozando en la penumbra,

oirán el ruido

y verán las verdades.

 

Los locos que parecen aprisionados

por la muerte selecta del escándalo

tienen pechos rugosos

y bordeados de lumbre.

Y los locos lo saben.

 

Desde su atónito lenguaje,

por intersticios de meninges espectaculares,

los locos se precipitan

a paralizar el mundo de la muerte.

Aunque más no sea,

para sentarse a llorar.

 

No hay soles en sus días

Y en sus noches

sobreviven los colores de un ojo que no los ha deseado.

 

Por eso,

y porque la ventosa de fuego

rebalsa de temor

ante la fantasía de los sanos;

el obturador de los locos está presto

como una lanza.

Y al perforarnos de una vez

con una cprtera puntada entre la vida y el cielo…

 

 

 

EN LA FERIA

 

Ternible multitud

hombres avanzando

espacios muertos.

La delicia implacable

atrayendo cuerpos contagiosos.

 

Sobornados para no protestar

se reducen unos a otros

en la indescifrable grieta.

 

Pétalos serenos

agitan su temblor aguafuerte,

respirados por ciénagas.

Respirados ellos:

¿Por qué tiemblan?

 

La curva colosal

de un ave rápida

y el silencio todavía más vivo

estallarán al amanecer.

 

*   *   *

 

La curva tarrena

es una esfinge

corrida en el oasis

por la lengua sedienta

que nunca intentó perdurar.

 

Parlanchines los cometas y el gentío.

Toboganes oidores del desecho.

Por eso, en la feria,

mediocre, el insulto es primero.

 

 

 

ZAGUAN

 

Pasan los euclidianos

satisfechos de su mérito.

Pasan los atormentados platónicos.

Los adormilados y hasta los imbéciles.

 

Todos consumen sombra y contornos.

Los veo partirse desde mi boca fresca.

Luego, uno de ellos tira del hilo y dice:

 

- ¡Pasan tiempos irreales!

 

 

 

EN El BAILE

 

Una centena de sapos

bailan alegremente.

El sol ilumina sus cráneos

tan parecidos a los nuestros

y sus uñas

tan enormemente crecidas

como las uñas de un hombre.

 

Una muchedumbre de piojos

ejecuta una danza

y crece la temperatura de sus corazones

tan apropiados para los agujeros

que nos sobran,

y sus risas se elevan desde el balde.

 

Al abrir la puerta de la casa

cesan los zumbidos y los gritos.

Entonces se ve cómo la sirvienta barre

y acomoda las alfombras

mientras la melodía que musita el jardín

retumba entre los pliegues de la rumorosa corona.

 

 

 

PAISAJE

 

La carne nieva

vestida de perla

y los rostros se cubren de gases.

 

Las platas adornan.

El cuero gime.

La voz se quema en el patio

de las benedictinas.

 

El suelo baila.

La paz es hueca.

Dentro de su humo

se gesta un diablo sereno.

 

La fruta cuelga.

Los trozos del cielo

vuelan por el aire.

La piel se esparce

luciendo su hueso.

Y en los aljibes de la lirnosna

un gato masca las grises monedas

y el enterrador husmea

la ventana de tierra.

 

La calle resbala

desde la montaña

y el enjambre del verde

descubre su panza.

 

La paz es hueca

la paz es falsa.

Dentro de su humo

se engendra un diablo

se carcome el topo

se infarta el pájaro.

 

 

 

POBLACION

 

Van a venir a golpear

al torpe herrero

por haber devorado a su perro

tras la fonda del paredón blanco.

 

Irán a encontrarse

dos amantes innatos

que no se aman

pero conocen los lugares estériles

donde precipitar.

 

Detendrán a los viajeros

unos pregoneros borrachos

y los desnudarán

y les robarán las joyas.

 

Los chicos van a venir

a celebrar en las tumbas

con sus cumpleaños de gasa

sus gorros burlados

sus pasos de nieve.

 

Se juntarán las tristes hormigas

alrededor del charco de la leche caída

sobre el trozo de carne olvidado.

 

Carninará el sacerdote sediento

los faldones de tierra

que separan las verjas

de la iglesia sombría

a la que ya nadie acude.

 

El lobo aullará

despertando a la gente

y sólo será su quejido

motivo de vigilia y espera.

 

Vendrán a quitarle los rostros

a la falsa abuela

y a la atónita bruja amnésica.

 

 

 

LAS HORDAS SOBRE ITALIA

 

Está hurneante el volcán

sereno terror de lo rojo.

Los rumores escuchados por doquier

disimulan apenas al hombre,

allá lejos,

así confiado a su agonía

por el Imperio del Retorno.

 

Se alza en lo alto esa brisa hirviente

que destruye las cabezas de los pájaros

en un rondar de muerte.

La noche de las hogueras

reclama soldados y difuntos.

 

Algunos niños han quedado dormidos

entre los senos de sus madres perdidas.

La pira estimula a los perros.

La lúes envenena e¡ agua y el vino.

 

Las trompetas de toda una vida

han quedado maniatadas atrozmente a sus sones,

como recortes unidos a un tallo burilado.

Las letrinas ahogadas

escogen el bazar para la compra del sol.

 

¡Qué eternidad!

¡Qué canción diabólica¡

¡La vastedad del silencio sería el rasguño!

¡La hecatombe sería peor!

 

 

 

SOCIETY

 

Sólo el turbio mote

del alma acorralada y absurda

diluyendo su semen

entre las carnes débiles del barro.

 

Los árboles corrompidos

que angostan la luz de la ventana.

La carta quemada en el hogar del hielo.

 

Más allá la Población épica

La que luce los colores de la guerra

La bastarda peregrinación

La imagineria humana.

 

Y alojados y embebidos en la triste comedia

Placeres Pagados en oro

Horas de cocktails

Deseos de asesinar en el aburrimiento.

 

 

 

 

 

No hay fe en un cielo de crepúsculos cerrados

Ni hay sombras en un espacio de la forma primera.

 

 

 

 

 

Parte Tercera

 

 

 

I

 

El peregrinaje

desata el espiritu

en el camino virtual

y lo esparce al aire

y cuestiona el lenguaje

de las cortas estadías.

 

 

 

II

 

Volvió trayendo sigilo y paz

un predicador.

Vi a su cofrade parado, regulador de enigmas.

Vi promontorios sublimes y atómicos

divisiones en el aire mismo

provenientes del sol.

 

Del centro de esa descripción cónica

se desprenden abismos que son repartidos.

Y el ojo del mago nunca ejecuta la vista.

El vacío no se ve, está en todo el vacio del mundo.

 

En esas leyendas, el predicador invita

a las madres a dejar de representar el sudor de su dios ponedor.

 

Y es inútil persuadirle

de que no hay tal intención

entre los hijos del mundo

que son los venenos de esa excreción.

 

 

 

III

 

A Grigori Iefimovich Rasputín

 

Una desesperada mueca ha encontrado el teatrero

En el fondo estaba olvidada

Aun sin estar oculta

Oscura apenas en el poro de un armiño de la casa.

 

- ¡Ea!, ¿qué saben ustecles?-

espeta indolente

recurriendo a la tosca pena del encubrimiento.

Y en su fina boca,

alborotado cerebro prominador,

se dibuja un ancho secreto.

 

Luego se va.

Ha cerrado nuestra puerta sin conocerle las manos.

Ha posado su duda y ha vuelto a sumergirse.

Es tan blanco en el polvo

como en la nieve sangrienta.

 

25 de enero/76

 

 

 

IV

 

Tomen del cuerpo del que corría

su viento

en el que se han trasladado sus exequias.

 

Inunden su alma

con la energía de toda finitud.

 

Pero aquel cuerpo huido,

tan sólo esos perfectos conclaves de la carne

trasladáronse al pie del Juez Supremo.

 

Veredicto:

Cuerpo móvil,

continuidad naciente.

 

 

 

V

 

Aquel cuerpo infantil e hirsuto

delimitado apenas por la detonación del espacio

está incrustado corno un ámbar

en el aparente cráneo del cristal del tiempo.

 

Y el cristal remuévese en su fluido

como pasos en la sombra.

 

Pero aquel inmutable ser propulsado,

aquella fascinada proyección,

escapada de la placidez de la muerte,

se ha conducido hacia la nada.

 

(Nada, ¿dónde estás tú en medio de esta nada?)

y de la nada se sugirió su impulso

que incumbía a todo lo inexistente.

 

Y desde ese rnismo estado inatómico

escapó como girniendo por el desahogo

como estirándose

todo lo inf initarnente misterioso

de nuestra respiración.

 

 

 

Parte Cuarta

 

 

 

I

 

Ocurre en todos los casos

en que participa la ridiculez

que se sustrae el símbolo de la idea

y queda la cosa,

pequeña cosa,

aislada sin esperanza y sin mensaje.

 

Ocurre en todos los casos

en que participa el ignoto

que se sueña con la psicología de un proceder

-idea estéril, acto condicionado-

sin poder evitar la deformación.

 

Ocurre en todos los casos

en que participa la verdad,

que se transforma todo sentido aparente,

espejo falso,

en lugares ciertos entre la nada y el infinito.

 

 

 

LAS MUELAS

 

Dieciséis muelas

adosadas

a una boca estanque.

Las llamaradas

dejaron un lugar salvaje

para morir con la lengua.

 

El puente de este destino de papila

es salir a contenerlo todo

como a un sorbo.

 

Pero no sólo se han condenado a sí mismos

los buitres de las bocas

(a veces mueren también hojuelas

que descansaban fuera de la planta).

 

Yo, conmovido,

vuelvo entonces a mi retina.

Veo dieciséis muelas

abandonadas allí por la ridiculez.

 

 

 

II

 

La cara pequeña

de otras ilusiones

y otros secretos

se cubre tímidamente

asumida en un cuerpo

arrebatado de luz.

 

Los cofres dorados

y sin magnitud

ejecutan el formato

de otro mundo indiferente a todo reflejo.

 

Y la herrumbre de los días

es un color que vivió en las formas,

en un error de no haber sido la propia cosa.

 

 

 

LA REINA

 

Los cabellos de la reina

asumidos a su cabeza.

Los dedales que de sus uñas hacen puntas.

 

El vestido dorado

sobre la piel escarlata y la corona verde de huesos y musgo.

 

El mal humor de la reina

cuando despertó al día

para mostrarle las marcas de la alcoba

en la que el rey la toma,

 

El rey no usa peto.

La reina y su pañuelo son celestes

como el principio de la noche.

Por la espesura del campo

las liebres corren hacia el sol.

Las espigas aparecen más allá de estos campos

que son su dominio,

el pobre dominio de la reina de las trenzas,

la tristeza.

El oro.

 

 

 

III

 

Disueltos los fieros

en los cobardes,

suenan a ya devorados

los ecos y las voces de las escuadras de carne.

Por estas márgenes

no hay ya más río.

 

Evaporo los trozos

de la porfiada línea

que el sol puede o no dibujar

sobre las formas.

 

Para ello y sólo entonces

acontecen los tallos.

 

 

 

HOMBRE DE LA TEZ ILUSORIA

 

Posaré la hermosa y serena cabeza en mi almohada

Desde allí verá una imagen

Un círculo con mi venturosa cabeza.

 

Mis manos dormidas habrán mentido

Habrán tocado la máscara de su suave cráneo

Y habrán sentido la melodía

Y habrán de creerlas un sombrero y un pájaro.

 

¡Las mañanas que toque se partirán en mí!…

Las lágrimas que venderé por ahí por sus almas

se reunirán en el alimento de otros seres con sed.

Y la columna de aire del idilio de los árboles

morirá con su prosa de hombre cansado de clamar.

Hombre de la tez ilusoria,

exhausto ya de clamar a través de sus ramas.

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

Yo sueño con el eterno trigal,

ese júbilo del orfebre,

y tengo un niño y un tallo seguidos a mi risa,

risa que se díluye hacia los cuatro puntos cardinales

mientras se acercan otros seres en derredor de esta

espiga distante

(yo sueño que dormitan las pasiones de un Rubens

entre pálidos labios de mujeres heridas).

 

¡La disfrazada falla de los sonetistas!

¡La maléfica servidumbre de los victorianosl

 

Otros artistas pivoteados por posesiones,

Trotadores que irán cayendo tras aquéllos

junto a sus sonidos poseídos antes.

 

¡La rivalidad de mi corazón se daña conmigo!

 

 

 

IV

 

Ultimamente he ingerido demasiados demonios

he practicado por los alambres,

alambres que quemaban mi corazón

y ungúentaban mi conciencia

Conciencia dormida o muerta

me da lo mismo.

 

Pero no sufro

ya que todo retorna

y los cuentos de oro

habrán de convertirse en realidades de un día.

Volveré a mi y la demencia retornará al antiguo sentido

de las charlas alrededor del fuego

entre las gárgolas del templo.

 

La luz está muda, ahora,

cuando resuena sin estrellas.

Y el campo se vuelve un papel orgánico

para desmenuzar la pequeña historia

del miedo a lo inmenso.

 

 

 

DESACELERACION

 

I

 

Toma tus terráqueas y ásperas sogas

y despréndete humildemente de tu trono.

 

Los arbustos que temblaban en la colina

se han cansado de palmotear.

Es insólita tu alma.

Tantas cosas de pie

elegidas de entre millones,

saturadas por vivir aquí.

 

Tantos cometas inconmensurables

Surcados de cielo (cielo, donde tú habitas).

 

Y los hombres, tú y yo,

un conjunto en lo absurdo.

En lo que el sentimiento de una magia

se une a la forma

alejada de toda indigencia sin vida,

comenzada a ser hacia el futuro.

Futuro que tarda en abrir sus ojos

que tarda en ansiar su trópico

que nos da de comer hasta la muerte.

 

II

 

Pero la atrofiada mandíbula…

Estamos atrofiados por demás.

Aun si no tuviéramos bocas

estaríamos comiendo carne apenas con los párpados.

 

III

 

Por la orilla secreta

Ovillan las sentencias

Rebalsa la magia

Ruedan las calles.

 

IV

 

Lo importante es que escriba cómodamente:

“Repite con la persona que amas

que eres responsable del destino”.

Brama en la penumbra de tus días.

Consigue exhalar la muerte, deslizándote,

Derroca al líder de tu maldad y ahórcalo.

 

V

 

Cántate una canción reivindicatoria

mata al hijo de los dioses

conecta tu máquina de¡ tiempo.

 

VI

 

¿Consigue aquel disfraz parodiarte más que tú mismo,

en tu carcomida vislumbre?

¿Ves naoer algo o crees que sólo hay muerte?

¡Vamos!

Rodéate de tus espejos

y cuando entumecido,

cuando despreciado por tanto abuso

y tan descarada mentira,

intentes absolverte con una ráfaga de emoción,

verás que tu corazón se pudre

irremediablemente seleccionado para caer.

Entretanto se enceguecerá la imagen de tu alrededor

quemado ya por la última farsa.

 

VII

 

Así comenzó tu propia maldición,

En tantos años de vigilia,

a través de una locura de largo tiempo,

a la que escondiste vanamente

entre tus mártires.

 

Y tu cara comenzó a rasparse

contra la calavera,

tiñéndose de la humedad típica de la muerte.

Y manos desconocidas

cavaron una desolada porción de tu tumba

para ser completada con unas tristes violetas.

 

VIII

 

Pensé

que habías salido de viaje

acompañado de tu sombra,

silbando,

hablando con el ti mismo.

Por atrás de una llovizna,

 

 

 

EL MISERABLE

 

Desencajados los enormes océanos de tu plegaria a nadie,

discreta palabra,

saludo al éxodo de la virtud.

 

Dilapidados los lingotes de tu estadio de crucifixiones.

Saciado el oro en su sed de manos malditas

Y arrojado a la turba el guisante de la demencia maestra

Bebido tu vino,

ya nada permanecerá en tu corazón.

Sus sentimientos y sus alegorías

se habrán marchado hacia el latir de otro reposo.

 

¡De entre las brasas de tu alberque

cantarás nuevamente tu canción diabólica!

 

 

 

V

 

¿Qué hermosas mañanas veré en esta ceguera?

¿Y qué plácido encuentro dará vueltas sin llegar al munclo?

 

Ahora no son sólo las memorias

las que arriman sus dibujos de diarios.

Están también los hálitos

El espiritu

Los antepasados.

 

Cuando esta cabeza sea atravesada por el sol,

la misma vida ondulante

sentirá estremecer su cráneo.

Y despierta, voceando su incertidumbre,

resbalará por los peldaflos

ausente de toda tenebrosa razón.

Perdida entre las especies de antaño.

 

Y entonces:

¿Qué voz de] cristal endulzará el alma?

¿Qué juego habrá?

¿Qué grito?

 

 

 

Parte Quinta

 

 

 

I

 

Hay una locura intensa

que necesita un cuerpo y una fulguración

y se desarrolla lentamente

en el tiempo

o en la eternidad de un tiempo.

 

Y hay otra locura

periódica,

de la sangre y el alma,

que es f ugaz como el sol,

que no admite desarrollo ni duración alguna en el tiempo.

 

Que es un llanto,

instantáneo resoplar del cuerpo,

y que sana, distante,

en un elixir que difícilmente se prueba.

 

 

 

OK

 

Antes de saber que era una piedra

Ese señor ya había desaparecido

Su señora husmeaba los lugares

con un velo de pena.

 

Pasaba delante de su propio marido, sin verlo

Volvía llorando

a dormir sus lutos con el verano que podía.

 

Como todo seguía igual

decidió mudarse.

Y se llevó solamente una valija como un juguete.

 

A los pocos meses

el marido sobrevino de la nada.

Y desapareció la piedra

sin haber sabido que fue un hombre.

 

 

 

MAS PELlGROSO QUE…

 

Penetraron inexplicablemente

quince monos en mi habitación.

Comencé a llorar,

a pedir auxilio.

Y mis vértebras hervían.

 

Uno de los monos tenía un revólver

y comenzó a disparar.

En menos de un minuto

eliminó a los otros catorce.

¡Ahí vi mi aventura!

¡Cómo se deslizaba fatalmente mi suerte!

 

Luego me habló de la muerte absoluta,

algo con lo que advertf que dañaba mi conciencia.

Me apuntaba mientras tanto

y le supliqué que se fuera.

 

Pero el mono me disparó a mí también.

Mientras moría,

vi renacer a los simios.

Recobraban la vida rápidamente

y escapaban de mi cuarto.

 

 

 

II

 

a José Orríes e Ibars

 

Con los roperos,

viviendo con los roperos,

aprendió a saludar

con ruido de puerta.

 

Le parecía insignificante su actividad en otros cuerpos,

siendo madera.

Veces hubo en que fue bisagra o picaporte.

 

El tiempo pasó enorme.

Lo único que no aprendió

fue a reír en esa situación,

pues los roperos no se oirían reír

entre tanta locura y tanta espera,

 

Al morir dejó dicho en un papel:

“Me voy de aquí a esperar

del otro lado de mi fin

una sonrisa de todo lo amorosamente imperturbable”.

 

 

 

III

 

Sólo los filos inesperados de la noche

con su eterna copa de negro aluminio,

su sonrisa gigante

sus párpados de abismo

sus sueños antiguos

su silencio, su muerte.

 

Sólo la paz que busco en esta noche:

¿Llegaré a verla, a verla en la luz?

Confirmaré la profecía de¡ cerebro.

Luego, un sueño mecerá mi mano en la brisa,

 

Sólo en la noche entornaré mis hendidos espejos.

Las clavijas deberán anunciarme las grietas,

las quebraduras.

El vacío interior.

 

 

 

AVE FENIX

 

En lo que recuerdo que era mi cara

veo sólo una inmensa hoguera.

Mis labios ya secos por el inienso bramar

y una palabra gritando en el cielo quemado.

 

En aquella forma perdida de la que recogí mi cuerpo

vi estremecimientos involuntarios y gestos de miembros vacíos.

 

Vi una eterna fila siguiendo cadáveres que se bañaban,

Oí una estrepitosa maquinaria sin silencio.

 

Entre mis petates encontré luego una carta mojada y deshecha.

Eran las plumas del pájaro que vuela sólo una vez.

Toqué pulmones de su hálilo,

imágenes con vísceras de su exhalación carnal y primera.

 

Y vientos nacarados y resquebrajados infinitas veces

ante la violencia de su nacimiento.

 

 

 

Parte Sexta

 

 

 

Traspasó la luz un germen que era indómito,

y atravesado éste,

vaciló un instante.

 

Luego recobró su paso en la marcha uterina.

Sintió que iba a producirse un momento de magia:

Una ovulación.

 

 

 

SONETO INTRAUTERINO

 

Desde el oráculo del vientre abierto se ve una placenta

Es una figura de mármol que adquiere movimiento

Apenas un espejo y un sol parecen los destellos del fondo.

 

A la vez, una melodía recorre el eco de este espacio.

La naturaleza realiza su descripción

Y nosotros emitimos la fe de nuestro secreto

Y se sabe que en un suburbio del abismo periamos nuestro ahogo.

 

Madre eterna, tu creación es serena.

Es la seda que el tiempo no corrompe.

Porque su alma vuela hacia la luz.

Porque su corazón se ilumina de magia.

 

 

 

EL ANGULO DE LA VIDA

 

El ángulo de la vida

es una semilla.

Las trabajosas hileras

que nos dieron años de respiración.

 

El secreto del árbol

consiste en proyectar la luz,

la luz de los rayos del cosmos

y las últimos fuerzas que resucitan desde el fuego del centro.

 

Y el atisbo del fin

es el desierto interminable

inmerso en la finitud

de la que nace el árbol.

 

 

 

II

 

Enumeramos ahora ciertas cosas:

CUERPO, CIELO, PALABRA y ACTO.

 

Cuerpo es el sinfín, donde experimentamos cada sensación por separado,

corno granos de arena y cada sensación en su totalidad, como arena.

 

Cielo es el punto al que nuestra vista identifica

más velozmente, por cubrirlo todo.

 

Palabra es la cara de la voz y es el sitio intermedio

entre el cuerpo y el cielo.

 

Acto fue el de los hombres que, al verse atrapados

en el paraíso, intentaron escapar del cielo.

 

 

 

III

 

Feliz es el día

Feliz es la noche

Feliz es el cielo

por cambiar todo el tiempo

sin moverse de sitio.

 

 

 

MIRADA

 

Los pájaros en el oriente

son mensajeros de la luz.

En la continua respiración del valle

los animales han vuelto a serenarse

en sueños

Y las brisas Pasan lentamente.

 

Alguna trompeta, en ese amanecer,

intentará exhalar la lejania.

Es su sonido

surcando las enigmáticas plantas del verano.

 

Hasta que se venza esa mirada

y vuelva a caer el manto de la noche

y se entumezca levemente la nostalgia en las sombras.

 

 

 

IV

 

Intensa luz azul

de rayos y de veranos:

¿Era triste la flor que disipaste en tu viento?

¿Frágil la libélula natural?

¿Anciana la marmita de resplandores ocultos?

 

Agil color que serpenteas la mente:

Debiste venir con el señuelo del sol

Y hubieras descansado junto a los hombres.

 

 

 

V

 

Una eternidad después

de la consagración de nuestras estaciones

seguirnos encerrados entre instintos.

 

Muero toda ternura.

Estarnos siendo arrasados

por el tiempo de la vida.

 

El despertar se demacra junto a las actividades del sol. Todo escarba y arroja de sí mismo las basuras de la noche o de otro amanecer súbdito. - Lejos, las escorias de la vendimia infinita continúan clamando. - Pero todo está tranquilo. - Ante esa fantasmal incongruencia de borrascarse viendo a la futilidad estremecernos, sólo ha de presentársenos como visión un enorme monasterio en el que recluirnos por siempre.

 

 

 

 

 

Parte Séptima

 

 

 

DEL PORQUE DE LAS PLAYAS

 

El hombre que camina y no sabe lo que busca

se ha declarado arena

y podría sentirse sol entre las algas y los ripios.

¡Loco acantilado consumido y no acostado nunca!

 

Porque la playa es un lugar de ciertos sueños

hacia donde emigra la cabeza del enigma

y se hace sal el universo.

Atrás quedan las gaviotas, el agujero de las nubes.

Esas aguas se conservan entre el viento.

 

Alguien que ha jugado y se ha dormido

ya es el cielo.

Se ha tomado de sí mismo

en un abismo mudamente coloreado de cerezas.

Nadie descubre al hombre solo que no busca lo que quiere,

pero desde adentro sabe transformar.

A veces se comporta como un último lugar.

Porque sí, desde hace mucho.

 

Hasta que el agua le haga dientes y riquezas

y le socave el vientre de los nidos

y los ojos casi carne del éter

y el hombre ya no esté.

Por más que se lo quiera buscar, no esté

ni como piel, ni como piedra,

o esté jugando a ser como la roca.

 

1969

 

 

 

LAPSOS

 

Haber descifrado la madeja

Haber inquietado estos sentimiento.

Prolongado estos lapsos

Inundado estas ideas y estas palabras

Es sólo haber pasado por un aire

Sin reflejos siquiera del código del tiempo.

 

Todo este espacio tu, eterno,

¿verdad, antigua poesía?

anterior lucha?

lejana canción?

silueta de los labios del último verso?…

 

Todo este tiempo fijaron humores,

una hilera de cadencías

una cuchillada retirada del cuerpo

una herida vaciada

un leve sueño.

 

Y el país entre este signo

y aquél úitimo

(el último rincón mirado,

la recóndita falencia representada)

es el país de la huella.

 

¡Hibridez de un territorio!

Aprisionamiento entre aquella y esta `carrie”.

Intertapíado de rumores

entre eslabones y paredes

de la única poesía.

Poesía que sangra

y al detenerse abre la frontera

y sopla los papeles vacíos.

Dice denuncias de ese absoluto dios poético

dios de la miserable porción de infinito entré estas palabras

y las que vendrán.

 

8 - X - 75

 

 

 

I

 

El suelo era turbulento

en esa la tierra distinta y pelicular

donde las apariciones

brotan desde el suelo, como semillas.

 

Propondría que eran

Antiguas repeticiones

Inseparables pseudópodos de un núcleo

Mechas

Alcaloides florales

Herrumbre

Futuro.

Así viajan las delgadas hojas de toda esta retícula nueva y

húmeda del secreto onírico de aquella imagen.

Imagen en la que sucedieron y se formaron corpúsculos móviles.

Imagen en la que hubo viajes que despertaron en la ventanilla de un tren reseco.

O viajes de pasar a través del coral del cuerpo.

 

El ojo del sueño que es ese temporal,

el crepúsculo del sueño (de ese ventearse) su orgasmo:

¿Es exaltado por el minúsculo movimiento del cuerpo de aquella célula?

 

Esa contención manifiesta una húmeda vida que se mueve,

generando así que se mueva una tenue potencia de otro

teatro inexorable, no-manifiesto, no-condescendiente ni expectante.

 

Es lo halital

Lo que no condena

pero tiene su verde mito.

Tiene un sentimiento

Un amor perceptible

Un límite en su propia vena.

 

 

 

II

 

Invítame a complacerte

y desearle

Desmiente las carnalidades

Subyuga por entre los ecos

todo rito de aproximación

Descárname

Pues al verte huiría

 

Pero si al percibirle en un más allá

supieras guiarme,

yo sería tu minúscula sonrisa

y reiría.

 

 

 

III

 

Largo

hacia el cielo

morada

desdicha joven

piedra azul

 

Cadenas calcáreas

Bodas del río y los peces

 

Más allá

los inalcanzables retornos del beso

 

La prodigiosa estela de tu boca

retenida apenas por el oír de su palabra

contenida por la señal

contada por la poesía.

 

 

 

IV

 

Suave

renace un aire en tus ojos

que iluminan pasos diferentes.

Los rostros enloquecidos de adentro

han comenzado un descanso

un reflejo tuyo que se insinúa perpetuo.

 

Hueles a nube

tus caricias irán calmándome.

 

El destino es loco y anciano,

No dejará de perder

una costumbre de nosotros.

 

Cuando las horas pasan

no habrá momento ni memoria

y reiremos saludándonos.

 

 

 

V

 

Y loca tu eterna boca maquillada de verano

extraña y rebelde

nos ha dejado su beso.

 

Ese almizcle nos ha hechizado

Nos ha supuesto tus hermanos

Tus congéneres

Tus tatetíes

Tus dioses.

 

Y por enire la dificil caricia de la obra,

como recibiendo por fin la mágica verdad,

hemos comprendido que sólo somos tu retorno.

 

Entonces, ven, sigamos besándonos dulcemente,

pues somos tus hijos.

 

 

 

TU VIDA

 

No llegues a mí sin pronunciar mi nombre

No te acerques sin que la lluvia te haya besado

Ni los iluminados te hayan respondido

Ni pequeños pájaros azules y verdes hayan volado sobre ti.

 

Abre la ventana que te acechaba,

que miraba hacia adentro

y cubría tus ojos de deseos ignotos

(La virtud asomará como una seña) en los vitrales),

y al olvidar, al volver,

serás la misma.

 

Entonces no te acerques sin que cure tu mal.

Y huya tu muerte.

Yo soy tu vida.

Malentiénderne.

 

 

 

LA MUJER INOCENTE

 

Las calles se hicieron espesura

cuando te aventuraste

y durante el verdor

reíste de la penumbra.

 

Las páginas de los libros

se arnarillentaron

cuando avanzaste

y hablaste la palabra del nuevo día.

 

Los cánticos se entumecieron

cuando Dios hizo sonar tus labios cual gotas.

 

Estas remembranzas

están impregnadas de ti

porque dormiste c

uando intenté rodearme con tu noche.

 

 

 

VI

 

Sé que tú me sientes deambular en tu conciencia

Oyes cómo retozo por la pradera

con tus manos y con las mías

superpuestas en el aire que rueda al caer tu párpado.

 

Ves que también hay un milagro tuyo

Se abre junto al intenso pétalo de la luna.

 

Tu ropaje se ha trastrocado con mi visita

y se esconde como una anémona que agoniza

sin extrañar la vida.

Vida que le damos tú y yo en este infinito descanso,

este laberinto que nos desnuda

y yergue a nuestras ansias,

luces ebrias ya del vino de su estío perpetuo.

Almas a solas en su descabellado pedido.

 

Pero he vuelto a la placidez de mi mano,

ese sueño que se acomoda para acariciarte.

Ya no temo que un súbito girar de su dedo ocre y deforme

haga trizas el rasgo de tu pausa,

 

 

 

 

 

Escorias diferenciales del alma de la letra poética

 

 

 

I

 

Los enviones de la noche alientan el mensaje de los árboles con sus uvas y de las manos precarias de la tiniebla buscando el río.

 

Las márgenes del río, desenvueltas junto al arrebol de otras ánimas manjares, esperan a las ranas viajeras, entornando las aguas burbujeantes que son su magia de descenso y de juncos.

 

En el interior ae esta alma nocturna, revelada al cielo por el color de la una que recibe, los prodigiosos peces se enamoran de una danza termal, eterna propagación de cristales internos, y antes del alba se consumará para lo eterno, todo ese brillo y toda esa calma.

 

 

 

II

 

Más allá del recoveco de lo pensado,

pensado sin referencia,

que sería inútil eco de la impresión,

una voz medular recorre las vírgenes.

Enardecida, crea el oído deshipnotizador,

medita muerta como los goznes.

 

Las mismas órdenes a los mismos miembros.

Columpio que no se evita jamás

y es verde.

Verde igual a un deseo.

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

La sorpresa que no se consume

está detenida en un paraje inexpuesto.

La sorpresa que no se representa

es un momento de ese paraje,

lanzados sus limites hacia aquí,

mientras las células de esto

rodean algo con su débil perímetro.

Y en ese enfrentamiento no hay conciencia

(si no hay sorpresas

si nada fue escogido, ya que nada ha servido para alguna conmoción),

 

Entonces, de todo,

del ser y el paraje

sólo quedan extremos.

Es la lejanía de nuestros propios dedos

la otra sorpresa

la otra colisión.

 

III

 

Se torna difícil escribir con la misma brutalidad con que se piensa.

 

Se torna raro advertir los desmanes de algún término equivocado, porque la valentía de estos signos nos va proponiendo otro idioma despierto.

 

Pero en la brutalidad, en esa orfandad de tersura de los pensamientos, de tanto drenar el adobe corrupto de los otros, no hay salvación posible que no contenga a la muerte, que necesariamente no reanime su sopor con una parálisis perfecta, quizás un shock elertrocutor o un despiadado estrellarse de corpulencia inacabada.

 

La totalitaria vergúenza de estos pensamientos locos, se desenmascara sólo para proyectarlos contra las fragmentadas evoluciones de la carcaza consciente, redimiendo esa incontenible borrasca animal con un grito, una contracción del gesto teatral de la sílaba.

 

Veo que la brutalidad del pensamiento es tan sólo otro pensamiento que se ejecuta con violencia y perece estampado contra su propia sombra como los objetos arrasados por la bomba de Hiroshima.

 

Es obvia la deducción: el pensamiento animal que proyectamos es tan selecto y vigoroso, que sólo dura el instante fugaz de una mariposa concebida al azar.

 

Pero en el atropellado desfiladero de la mente expuesta al sufrimiento de las miserias sociales distintas -por siempre distintas sean las miserias de vivir en la poesía, de aquellas en las que vivir en la poesía representa un complot para saciar al estórnago-, la soledad de estas barbaries mentales ejerce sobre el resto de los pensamientos una corriente de energía liberadora.

 

Por los agujeros que profanaron estos brutales delirios al detonar en su corta existencia, pasan centenares de delicadezas e idilios, y son estas prometidas certidumbres las que nos permiten iniciar y luego ahogar el verdadero diálogo con el universo.

 

 

 

IV

 

La boca cansada decantar por el cuerpo promete un silencio y entonces todo queda coronado lentamente y se trans forma en un corazón.

 

Los designios instantáneos del afuera quedan, por consentir que el silencio los absorba, anidados en el sereno adentro y esta mutación esencial del sonido traduce voces de estrados diferentes de alucinación, espectros vocales de otras ciudades despiertas, adosadas como palmas delebles a esta otra magnitud.

 

Llovió, y en la celebración que sigue a la lluvia, las criaturas nocturnas emiten una energía de misterio que no cesa de contagiar al viento para que agite alguna flor todavía despierta. Es inmensa la conoentración de las plantas, el increíble pensamiento de aquella raza callada bajo la lluvia; es tanta la fuerza de las ideas agrupándose para la descripción de esto, que no es posible ni el rumor de la menor de las nostalgias.

 

Solo el ulular del pelaje y la ropa, y el concierto de las llaves cerrando el candado, los rincones de las plantas sostenidas por puntos levenriente en éxtasis de agitación, columnas de órganos de pasos de ciempiés indescubribles, gargantas verdes de pistilos locuaces y cimbres de tallos.

 

Algunas hojas brillantes caen indistintamente alrededor. Ahora comprendo que el suave viento precipita la ea ída de las gotas apenas imantadas, desorientando al oído. Sensible concierto; todos esos ruidos circulares y claros disimulan, quién sabe por qué complicidad cofrádica de la noche, la presencia y los pasos de los fantasmas allí convocados.

 

 

 

V

 

Este verdadero poema

no ha sido resuelto aún,

pero quiere vivir bajo su forma

Aquí,

como sea.

 

Yo intento atraerlo hacia nosotros,

creo poder transmitir apenas un mote de su espiritu

y en ello dejo buena parte de mis comisuras.

 

Quizá con el tiempo

las estrofas y los versos se resequen

y musten desde entonces

un sórdido dibujar de su descreimiento.

  

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